Las travesuras tienen un precio

El día 3 de cada mes José siempre se reunía con unos amigos de la universidad a realizar alguna travesura en el vecindario, siempre lograban salirse con su cometido y llevaban así más de 1 año hasta aquel día…

Eran las 10 de la noche del día 3 de julio del 2014 y José junto a sus 2 amigos decidieron colarse en el cementerio para realizar algo que siempre les había llamado la atención. Él y sus amigos se dispusieron a cambiar de lugares las lapidas de diferentes tumbas, para que cuando los familiares o amigos del muerto fueran a visitarlo quedaran completamente desubicados.

José junto a su grupo movieron más de 40 lapidas, pero uno de ellos le dijo que sería mejor cambiarlas por unas que se encontraban muy lejos, así que se separaron para agilizar.

Ya era media noche y José se encontraba solo y tranquilamente llevando una lápida, cuando en el piso ve una que tenía el nombre de uno de sus amigos, se detiene y grita los nombres de sus amigos para que vinieran a donde él estaba.

Llega uno de sus amigos pero no el que tiene el nombre en la lápida, muy asustados deciden buscar a su amigo, pero después de no encontrarlo se separan para facilitar su búsqueda. José ve otra lapida que le llama la atención y esta tenía el nombre de su otro amigo, empieza a gritar desesperadamente su nombre, pero no le contesta.

Él se pone en huida del cementerio y tropieza con una lápida, al caer ve que esa dice su nombre y se le aparece un viejo con un sombrero negro y le susurra al oído «bienvenido».

Los padres, amigos y gente cercana buscaron a los 3 jóvenes pero no encontraron pista alguna, días después en el cementerio alguien reporto las tumbas con los nombre de los 3 jóvenes, las abrieron y únicamente encontraron sus vestimentas.

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