Cuento de terror Después del funeral

Cuento de terror Después del funeral

Si hay un lugar que prefiero evitar, son los funerales ya que ahí sólo hay cabida para la tristeza y el llanto. Sin embargo, hace no mucho tiempo falleció la tía de una de mis mejores amigas y no me quedó otra cosa más que acompañarla en ese difícil trance.

Por lo que sé, la señora era una persona extremadamente seca y fría, pero con Estefanía (mi amiga), fue todo lo contrario. De hecho, se podría decir que actuó como su madre, pues siempre estuvo al pendiente de ella.

Jamás tuve la posibilidad de cruzar palabra con la finada, ya que la casa en donde vivía me producía escozor. Es más, cuando yo pasaba frente a la propiedad, imaginaba que era habitada por una vieja bruja. Desde luego, jamás le comenté a Estefanía ninguno de los misteriosos cuentos cortos que inventé, puesto que no quería arriesgarme a que me dejara de hablar.

Estuve un par de horas en el velatorio y fui a despedirme de los deudos. Sin embargo, mi amiga me dijo que si podía quedarme hasta el final. Que por el alojamiento no me preocupara, ya que podría pasar la noche en su casa.

Ya en el domicilio, nos sentamos a conversar en un viejo sofá. La luz de la sala era mortecina. Si a eso le sumamos que en el cuarto había varios objetos de criaturas extrañas como trolls, mi corazón empezó a latir rápidamente. De momento empezó a llover fuertemente y los relámpagos hicieron que mi pulso siguiera aumentando.

Para colmo, observé a la antigua señora de la casa saliendo de una de las habitaciones. Miré a Estefanía a ver si ella había sido testigo de este fenómeno. Sin embargo, debido a que seguía hundida en la depresión, me dijo que no vio nada. Le aconsejé que vendiera la casa lo antes posible a lo que ella me respondió que ya lo había pensado. Honestamente no me esperaba esa contestación, pero con ello supe inmediatamente que mi amiga ya había experimentado cosas paranormales en ese lugar.

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