Comulgan las pasiones de Manuel Marín en “Los caballos de la Revolución”

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Por Juan Carlos Castellanos C.

México, 5 Jul.- El artista plástico mexicano Manuel Marín unió los caballos, los juguetes y la Revolución Mexicana, tres de sus más profundas pasiones, para dar forma y vida a “Los caballos de la Revolución”, un conjunto de 17 piezas que sirve para experimentar una gozosa vista y jugar, aunque sea de manera visual.

“Entre los juguetes el caballo de madera es un clásico que ocupa un sitio privilegiado, el caballo jugó un papel fundamental en ese periodo del devenir histórico de México y la Revolución Mexicana significa un movimiento que cambió el rumbo del país”, explicó el maestro a Notimex durante una entrevista durante la apertura de la exposición.

Todo nació cuando Marín fue invitado por las autoridades culturales de la Ciudad de México para exponer en el Museo Nacional de la Revolución (MNR), localizado “en un sitio proverbial: la parte baja del Monumento a la Revolución, y resguarda una historia impresionante al estar consagrado a esa etapa histórica de México.

“Generalmente trabajo escultura de animales y juguetes no para jugar, sino por ser un tema que he estudiado como parte de la cultura popular, con todos sus recuerdos y reminiscencias de infancia. ¿Quién no ha tenido un caballito de juguete? ¿Quién no ha visto una foto de la época de la Revolución donde aparece un caballo?”, se preguntó.

A cada pieza añadió un elemento, porque como generalmente policroma sus obras en este caso las terminó con apariencia de haber sido pintadas al fresco.

Para eso, confió el entrevistado, pintó las maderas de blanco y las trabajó en forma plumeada, lo que da apariencia de fresco; así, son juguetes que dialogan con los acervos del MNR.

Para cumplir el compromiso Manuel Marín elaboró 50 piezas, caballos de muy diversos tamaños y en distintas posiciones.

La curaduría corrió a cargo de la directora del museo, Alejandra Utrilla, y el cuerpo de curadores del mismo recinto, quienes por razones de espacio y los colores, tamaños y formas de las piezas, seleccionaron 17 para la muestra.

Cada pieza tiene su propia historia. De esa manera en la muestra se ven caballos que por su posición y actitud parecen arrancados a la época de la Conquista. Otros, por su sobriedad, parecen protagonistas de la Intervención Francesa, algunos, por su apariencia seria y republicana, de la Reforma y unos más, muy briosos, de la Revolución.

“Mi función fue hacer una especie de itinerario informal dentro de la historia del país, del arte y del caballo en México”, subrayó el artista, miembro de número de la Academia de Artes en la Sección de Pintura, quien juega con el abatimiento del volumen de cada pieza, característica que define en parte la labor escultórica que el entrevistado ha desarrollado.

Es decir, son esculturas planas, hechas en madera de escasos milímetros de grueso, que constan de dos o más partes ensambladas de manera entretejida y pintadas posteriormente para quedar listas para su exposición.

“Se muestran sin sacrificar la figura ni la forma, lo que es una bondad del arte plástico, la vastedad de posibilidades para cada obra”, añadió.

Aunque la inauguración tuvo lugar apenas la noche del miércoles, al entrevistado le agrada pensar en la posibilidad de la posterior presentación de ese trabajo en otros espacios museísticos, galerías o vestíbulos de la Ciudad de México aunque tiene presente que ésa será una decisión de la Secretaría de Cultura local.